miércoles, julio 19, 2006

Las fuerzas cósmicas

Con movilizaciones sociales se pretende terminar con la terrible racha de ejecuciones en Acapulco.
Con movilizaciones sociales se pretende anular la jornada electoral del 2 de julio de 2006. Elección calificada por observadores internacionales como histórica, realmente democrática, ejemplar, limpia.
Ni una, ni otra. El gobierno de chicle instalado por el PRD en Acapulco equivoca la estrategia, moviliza a un pequeño grupo de empleados municipales en una “marcha por la paz” donde se leen pancartas en improvisadas cartulinas: “Félix te elegimos por tres años”.
No hay respaldo ciudadano a este tipo de acciones, no es por ahí Félix. Día a día, decapitado a decapitado se revela que algo está fallando, algo muy serio está ocurriendo en Acapulco y el gobierno no se decide a tomar un papel activo.
Lugares comunes se repiten a diestra y siniestra: “Es una guerra entre narcos”; “Los Pelones contra Los Zetas”, “Arellano contra el Chapo Guzmán”, “los involucrados en la Garita”.
Como si se tratara de fuerzas cósmicas, como si nada en verdad se pudiera hacer. El narcotráfico no es un abstracto: opera bajo formas específicas, sus cuadros están compuestos por personas de carne y hueso, las fortunas –de acuerdo con reportes periodísticos– están ahí: en bancos, en bares, restaurantes, hoteles, condominios, etcétera.
En otra estructura de referencia el argumento es el mismo. Los cientos de miles de personas que de buena fe acudieron este fin de semana al Zócalo del Distrito Federal, apoyados por estructuras de gobierno del PRD, se estrellan con llamados a la resistencia civil, al conteo de votos, al cuidado de las urnas de los distritos electorales. Se topan con el llamado de un caudillo que increpa, gesticula, arenga, intimida y lanza proclamas contra el fraude, contra las instituciones, contra actores políticos y sociales, contra todo lo que se mueva u opine en contra de su Evangelio.
Nuevamente, se trata de una lucha contra fuerzas cósmicas, capaces de organizar el fraude, de asestarle golpes en la oscuridad, de pensar día y noche cómo destruir al caudillo, al candidato del pueblo. Andrés Manuel olvida en su argumento a los 15 millones de ciudadanos que votaron por Felipe Calderón Hinojosa.
Olvida que la gran mayoría de estos 15 millones de sufragios pertenecen a personas con nombre y apellido, que no militan en ningún partido, gente que confió y sigue confiando en el IFE. Este grupo de ciudadanos no son una fuerza oscura, no maquinó nada en contra de Andrés Manuel, sólo optó por un proyecto de gobierno distinto.
Por qué entonces los movilizaciones, por qué entonces los argumentos vacíos, por qué este sentimiento de no saber qué va a ocurrir: cuándo y dónde se encontrará un nuevo cadáver, a quién van a linchar ahora; e insisto, en otra estructura de referencia, quién será el Presidente de México.
En un artículo publicado hace dos días, Denise Dresser (Reforma, 17 de julio de 2006) muestra uno de los orígenes de esta confusión generalizada: “Eso es lo que produce AMLO al exigir un recuento y al mismo tiempo, negarse a reconocer sus resultados. Ésa es la confusión que crea alguien que rechaza la anulación de la elección, pero hace todo para provocarla. Ése es el rechazo que produce un hombre que no quería ser clasificado como un peligro, y ahora se empeña en constatar que lo es”.
Es tiempo de certezas, de hacer algo concreto para que este desconcierto termine, de ponernos a trabajar para deconstruir las estructuras de la violencia que no son exclusivas de Acapulco, para generar una Presidencia sólida, fuerte, y una patria donde se den las condiciones mínimas para la gobernabilidad y el desarrollo.

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