miércoles, julio 11, 2007

Caridad fraterna

Caridad fraterna

Ramiro Arteaga Sarabia

La declaración de Armando Chavarría “la Iglesia debe dedicarse a lo que le compete a la Iglesia y que deje la política para la sociedad” (El Sur, 10 de julio de 2007), revela las notas centrales del mando del Secretario General de Gobierno: un débil manejo del lenguaje, ausencia de crítica y/o autocrítica y el presumible sostenimiento de la mentira.

Pareciera ser que Chavarría desconoce el cuerpo teórico de la Doctrina Social Cristiana y los buenos resultados que ésta ha dado en la orientación de gobiernos populares de Europa, Asia, Sudamérica y Centroamérica.

Por ejemplo en las democracias cristianas de la ex Checoslovaquia, Polonia y regiones enteras de la India y Brasil.

Deseo, con caridad fraterna, comentarle a Chavarría que muchos de los preceptos de la Doctrina Social Cristiana se han convertido en norma de acción y de convivencia de documentos de la Organización de las Naciones Unidas, que estos enunciados provienen de una visión comunitaria y humanista, que busca, fundamentalmente, la promoción de la persona.

El Secretario General de Gobierno de uno de los estados más pobres de México no puede intentar cubrir la voz de una institución que ha construido una propuesta de desarrollo social ajena a cualquier sesgo partidista, capaz de propiciar ideas creativas, fruto de la experiencia del trabajo en las comunidades más pobres de México, Centroamérica, África y Asia.

La Doctrina Social Cristiana se ha construido con el aporte de grandes intelectuales y, sobretodo, con la crítica a los sistemas centrados en una visión egoísta del ser humano como el liberalismo y el comunismo y sus formas modernas de la era de la globalización del mercado.

Tampoco el Secretario de Gobierno debería descalificar una voz (la de un sacerdote) que forma parte y surge del conjunto de la sociedad, una voz que funda su ministerio en la crítica a los poderes fácticos de nuestra época, una voz que señala algo apreciable por todos los habitantes de Guerrero: “confrontación destructiva” en las instituciones políticas del Estado, por las candidaturas y el poder económico y político que éstas representan.

Más que callar y amenazar, la tarea de un Secretario General de Gobierno debe ser de suma, de diálogo, de búsqueda de acuerdos entre instituciones, dar declaraciones pertinentes, de profunda autocrítica y desprecio por la mentira.
Precisamente, en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (410) se lee: “Quienes tienen responsabilidades políticas no deben olvidar o subestimar la dimensión moral de la representación, que consiste en el compromiso de compartir el destino del pueblo y en buscar soluciones a los problemas sociales. En esta perspectiva, una autoridad responsable significa también una autoridad ejercida mediante el recurso a las virtudes que favorecen la práctica del poder con espíritu de servicio: paciencia, modestia, moderación, caridad, generosidad; una autoridad ejercida por personas capaces de asumir auténticamente como finalidad de su actuación el bien común y no el prestigio o el logro de ventajas personales.
Quizá valga la pena sugerir, insisto, con caridad fraterna que Chavarría lea el compendio de la Doctrina Social de la Iglesia y escuche a buenas personas como Juan Navarro Castellanos, quienes sólo buscan y trabajan por construir una comunidad mejor, un Estado mejor.

www.arteagasarabia.blogspot.com



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